HOY 2019 — Hoy
Lo que descubrí curándome me cambió la vida entera.
Después de resolver mis pólipos seguí trabajando como guía turística durante un tiempo. Pero algo había cambiado por dentro. Lo que había aprendido investigando mi propio caso me había abierto una puerta que ya no podía cerrar. Cada conversación con personas que me contaban síntomas digestivos, fatiga sin causa, niebla mental, era una conversación donde yo veía con claridad lo que el sistema no había sabido ver en mí. Y entendí que tenía dos opciones: olvidar lo que había aprendido y seguir mi vida anterior, o profundizar en serio.
Decidí profundizar. Fui a Río de Janeiro a estudiar Medicina Bio-Ortomolecular y Nutrición Celular, porque quería entender lo que pasa a nivel celular, en la unidad mínima donde todo empieza. Después a Brasil, para integrar Psicología Clínica y Análisis Psicosomático, porque había aprendido en mi propia recuperación que las emociones no son separables de la bioquímica. Después a Madrid, para profundizar en Microbiota Humana y Salud Intestinal, porque el ecosistema bacteriano era la pieza que nadie había mirado en mi caso y que ahora sabía que era central. Y después a Tenerife, para Acupuntura Clínica y Terapia Manual, porque entendí que regular el sistema nervioso era la pieza que cerraba el círculo.
Cada formación tuvo una razón personal específica detrás. Ninguna fue para tener un título. Todas fueron para confirmar clínicamente lo que ya había funcionado en mi propio cuerpo, y para construir un método que pudiera aplicar caso a caso, con rigor real, en personas que llegaban con la misma historia que yo había vivido. Ese método existe hoy. Y es lo que ofrezco en mi consulta.